25 de septiembre de 2008

En un bar*

Ella camina al rededor de una pequeña habitación. Una mujer, pequeña, blanca, delicada, a penas se mueve entre las sabanas naranjas que contrastan con sus perfectos rulos rojos. Ella sonríe, ella sueña, sueña y sonríe; despierta a besar a la mujer con la que comparte el lecho desde hace unas horas.
El cuarto le parece demasiado pequeño para ambas, ella se ahoga con el perfume de su blanca piel. El perímetro ya recorrido le muestra una silla y una mesa de madera en una esquina de la habitación junto a la ventana ( ¿saltar? ¿Dejé mi DNI? ¡Carajo! ¿Es menor de edad...? )
Llegó al bar con las amigas de su ex novia, su ex se lucía con la chica que había conocido en España hacía unas semanas y se habían casado con ella antes del mes; le dolía ver y por tanto amor tomó un par de margaritas hasta que se le acercó una mujer que jugaba con su cabello, le pidió que le invite una copa, hablaron, el bar cerró y entre copas y con los ojos verdes llenos de lagrimas, le propuso dejar los tacos y recorrer la ciudad, caminaron por los parques de miraflores y para cuando el calor del tequila hizo efecto se encontraban en un hotel.
La mujer se despierta, una de las sabanas cubre su cuerpo desnudo, la ve, ella está sentada con las piernas abiertas, caídas, sin fuerzas, desnuda y con los senos insinuantes, pone un pié en el suelo sin alfombra, se acerca la besa y se besan ( ¿menor de edad? ¿Acaso la edad importa?)
.
.
.
Ambas tiradas en la cama, desnudas, exhaustas.
Se para, acomoda sus rulos frente al espejo mientras desde la cama ella la mira embelesada y la mujer frente al espejo susurra “creo que podría enamorarme de ti”.

20 de septiembre de 2008

Otro cuento de princesas

Otro cuento de princesas

Rapunzel está atrapada y cansada de esperar
La vieja bruja la encerró en aquella torre,
Ahora no le queda mas que esperar al príncipe.

Día a día, rutina y rutina, espera tras espera
Rapunzel peina sus largos cabellos,
Los trenza, los destrenza, los vuelve a peinar.
No tiene mucho que hacer en esa jaula sin salida
y canta, canta esperando que su príncipe
la escuche y pueda así encontrarla.
El día que llegue, Rapunzel lanzará su cabello
por la ventana y él trepará colgado de su trenza
para poder ver a su hermosa princesa,
y así decirle que siempre la buscó.

Silencio.

¿Será él? Rapunzel se emociona, lanza su cabello
ventana abajo. Alguien sube.
Maldición. Un simple aldeano.
"Me equivoqué otra vez. Largo de aquí".

Silencio.

¿Quién anda ahí? Arroja su perfecto cabello.
Alguien sube.
"¿Otra vez tú, vieja bruja? ¿Es que no te cansas
de tenerme aquí encerrada?"

Silencio.

Solo es el viento.

Silencio.

El príncipe no llegará.

Rapunzel no aguanta más,
corre y toma las tijeras y navajas.

Se corta los bucles, se afeita la cabeza.

Adiós, pelo perfecto. Adiós, años esperando.
Adiós, príncipe que nunca llegará.
Adiós, amor sin rostro.

Silencio.

Alguien abajo. ¿Quién será?
Es el príncipe, espera que Rapunzel
lance su cabello,pero no sabe que todo es en vano,
pues Rapunzel ya no está atrapada, ni cansada de esperar.



Diana Neves Eguren.

17 de septiembre de 2008

Desaparecí*

Desaparecí porque me pediste que lo haga, me encerraste en una urna de cristal y empecé a amarte más que a mi propia libertad; soy bella como un ave cuando extiende sus alas en lo alto del altiplano, pero tuviste que enjaularme para apreciar y amar mi belleza.

Desaparecí tras tus celos absurdos y sin sentido. Poseías mi mente y mi cuerpo [cuando me dabas permiso], y no te bastó, nada era suficiente. El invierno se fue y me traicioné cuando llegó la primavera, cuando sentada frente a una taza de café y con un libro entre las manos decidí recuperar mis alas sin avisarte. Cola de caballo, argollas, delineador negro y un escote me impulsan tras unos rulos rojos; camino, camina, me pasa, la pasa, sonríe, sonrío, entra un bar, entro a un bar, una copa en la barra, una mueca, camina al baño...

Desaparecí. Me perdí días en desiertos de polvo, en olores que nublan mi mente; me ahogué en lagos de sabanas blancas y mares de ron. Desaparecí y me enredé en piernas largas, en hojas húmedas que trajo consigo el mes de enero; le fallé a quien creí amar, me falle a mí misma.

Desaparecí. Sigo aquí contigo y sin mí.

24 de agosto de 2008

Chabela*

Las manos le tiemblas como los pies de una negra bailando zamacueca, lleva medias remendadas con rojos esmaltes, esmalte en uñas y dedos. Carmín en sus labios, carmín en sus huesudas mejillas.
La veía pasar, siempre pasaba y me sentaba con mi guitarra a esperarla verla bailar. Cuando con zapatos rojos de tacón su cola elegante era perseguida por perros y acompañada de maullidos salía del bello callejón, de su jirón de la unión.
Mujer de guantes blancos, pituca, revoloteando en salones, en bailes, en clubes donde los hombres peleaban por posar sus blancas manos en esas caderas con compás. Esa gringa de “chanel” de dos por tres que le compraba a la vieja José.
Su perfume ya no es recordado y Chabela ya no es bienvenida en el Club De La Unión y sólo el borracho del 23 goza con las caderas y la carne rancia que se ensucia en los polvos y en el humo de la Santa...
¡Ay, mi Chabela, Chabela! Te has cansado de pisar las calles en tacón, te has cansado de sumir el estomago y de sonreír, mi gringa, hoy estás perdida en un frasco de pastillas, pero mi guitarra suena, suena, suena, suena por ti, Chabela.

2 de agosto de 2008

Perdida*

...perdida en la oscura selva. ¡Virgilio!. ¿Alguien me escucha?. Un cuerpo frotándose contra el mío sin poder ayudarme. Perdida, carajo, estoy perdida. Me he perdido en las caderas oscuras, redondeadas que en pequeños y silenciosos gemidos me prohiben a tocar, tomo a mordiscos un par de senos que no me pertenecen pero ella me suele prestar, ¿es que, carajo, no entienden que estoy perdida?
¿Enamorada querrás decir?
Excitada en todo caso, bañada en el deseo que provoca el abrir y cerrar de sus suaves labios, me pierdo en un camino en el que me reusé a caminar acompañada por tantos que me quisieron guiar, me pierdo guiando a quien cree nunca haber andado en él, es que no entiende cuanto amó a aquellas mujeres... yo la estoy guiando y a mí me guían las ganas de poseer el cuerpo y adueñarme de esa selva oscura.
¿Su amor?
Su sexo húmedo entre mis manos.
Estoy harto de traducciones, harto de obligarte a sentir algo más que un orgasmos baratos de dos por tres, G. Vives en una caja de condones.
¿Qué más quiero sentir?
Ahora tú haces las preguntas, me parece razonable. Quieres sentir el placer en los labios, las caricias el la cola de caballo, manos recorriendo tu rostro. Quieres sentir, G, quieres dejar de gritar en las noches.
Quiero, quiero dejar de estar perdida, quiero reencontrarme conmigo mientras me reencuentro con ella a cada amanecer, quiero que rozar sólo un cuerpo no sea escalofriante, quiero mojarme con la humedad de sus sueños cuando se mezclan con los míos, quiero dejar de estar perdida y que los murciélagos sean mariposas, quiero internarme en su selva, esa cabeza enredada y ondulada que no puedo de cifrar, quiero... la quiero a ella.