3 de agosto de 2012

Cristal

Cristal.
Soy un cristal. Tal vez siempre he sido un cristal. Dura, fría, pero tan frágil que el viento puede romperme en mil pedazos. En sus brazos me sentí entera, tal vez como nunca antes me había sentido, tal vez como no recuerdo haberme sentido antes. Reflejada en el verde de sus ojos verde me sentí entera, con sus besos pegó cada pedazo, sus abrazos fueron el pegamento que me unió y sus palabras fueron el viento que me partió en mil pedazos otra vez.
Cristal.
Soy un cristal. Tal vez siempre he sido un cristal. Hoy sigo en el suelo, rota, más rota que nunca, el Sol me atraviesa y mi cuerpo en mil pedazos ensucia el parqué.

20 de julio de 2012

Sueños


Yo no sé soñar. Los sueños no más que oportunidades para sufrir, para hacerte ilusiones, para decepcionarte. Para mí es una oportunidad para derramar las últimas tres lágrimas que me quedan. Pero anoche soñé, contigo. Me mirabas, tus ojos grandes se fijaban solamente en mí, nada existía porque tus labios en mí se posaban, porque tu aliento se entrecortaba con solo poner mis manos sobre las tuyas, porque te sentí respirar como nunca antes lo había hecho. Anoche soñé con tu aliento tibio sobre mi cuello, con el rose de tus lengua húmeda en mi boca entreabierta. Mis rodillas temblaban, mis piernas se doblaban y tu segura me tomabas de la cadera para llevarme donde nunca antes había estado. Cierras los ojos y me conduces dentro de ti, dentro de nosotras. 
Las agujas del reloj juegan con nosotras, el tiempo corre, descansa, retrocede, se detiene, hace pausa, nos lastima, juega otra vez, otra vez corre y mi corazón acelerado corre con él. Un grito ahogado en entre las pecas de tu espalda deja escapar al reloj.
Es la hora. Despierto y tú no estás. 

22 de agosto de 2011

Ausencia *

Rota. 
Me zambullí en el olor de tus curvas claras, he pedido el rumbo de regreso de tus caderas a mi habitación,  me he quedado pedida, sola, rota y loca. Sin retorno, sin bosque, sin lobo feroz. Ya no encuentro lunares que guíen en el camino a hacerte estremecer, ni huellas en los labios que me acompañen a caminar. Me enamoré de como una niña de la feria, del circo, pero la temporada acabó y los payasos y los malabaristas suben al tren a recorrer algunas ciudades más y descalza corriendo sobre las vías grito que te amo, que me quedo aquí esperando que tú hagas lo mismo. La temporada del circo acabó un poco antes este año, el frío de esta ciudad horrible y gris no fue un buen anfitrión. El circo llegó y pintó de risas y color mi rostro y mi alma. Disfrazó con nuevas ausencias los vacíos que fue encontrando en mi piel. Y tú partes, te alejas y mi corazón tirado en el piso como una bola de papel arrugado derrama un par de lágrimas mientras sonrío y te doy la espalda. No quiero retrasar tu partida como lo hice tantas noches en las que te pedía que te quedes a mi lado porque estaba asustada, hoy te vas y me quedo con la garganta desgarrada de gritar cuanta falta me hará tu ausencia cuando ya no estés. Ausencia. Ausencia. Y una vez más guardo la bola de papel en el bolsillo y derramo una lágrima y un te amo. 

7 de agosto de 2011

Siete

Tengo miedo y ya no entro tras el escritorio. Hoy siete tengo siete años de nuevo y bajo el escritorio todo parece más tranquilo, más pausado, más feliz. La música suena tratando de callar al silencio que no deja de gritar, y yo trato de ocultar mi hambre, mi necesitad. Son las 4 el silencio calla, el hambre aumenta y el desayuno-almuerzo se saca de un sobre y se sirve de pie junto al lavadero, y estoy sola. El silencio grita una vez más recordándome su presencia, se sienta al pie de mi cama y me habla, me habla y nunca calla.
Una vez más me despierto asustada pero ya no es de noche, el sol entra por la venta y quiero ir a buscarte, a besarte tanto, pero no te encuentro. Y la soledad me abraza y consuela mis lagrimas y ya no habla más, me mira, me acompaña y no habla más. Casi me contempla como quien lo hace con un cuadro que no logra entender. La soledad trata de llenar tu lugar y se siente tan vacío, ahora todo es tan frío.
El tiempo te hace olvidar, pero hoy sigo recordando tu olor cada mañana al acostarme, al poner la cabeza sobre tu almohada sigo sintiendo el calor de tus escasos cabellos oscuros y casi puedo escuchar los pasos lentos y cansados de tus tres pies. Corro como una niña a hundir mi cabeza en tus faldas y tratar de contarte mi día; sin darme cuenta tomo el teléfono
para llamarte. Espero encontrarte con algún dulce a medio comer en las tardes. Quiero meterme a tu cama cuando tengo miedo, quiero me calmes cuando lloro, quiero me digas que todo estará bien y que soy grande; quiero secar tus lágrimas y que tú seques las mías, quiero tenerte a mi lado y sentirme grande.
Tengo veintiún años, estoy sola y tengo miedo, tengo miedo porque no tengo fuerzas para inventar historias que me hagan sonreír.

13 de julio de 2010

Descalza*

Camino descalza, necesito sentir aquello que no siento, necesito sentir que aún siento, que te siento. Camino descalza y pienso-si aún pienso, siento-si aún siento, camino descalza. Las lágrimas caen y no las siento, ya no siento.
Llego a esa puerta de colores llamativos y dudo al entrar, sé que me esperan y no sé si realmente es a mí a quien espera. De pie tras la puerta la encuentro como siempre, con una mueca rodeada de rulos desordenados, me besa y me envuelvo en tus ojos verdes. Besos vienen, besos van y nos vamos nosotras, dejando sobre la cama las gotas, las marcas, las huellas, los susurros, las lágrimas, la sal.
Te vas, me voy, volvemos, me voy, volvemos, nos vamos, volvemos y seguimos así como hoy yo sigo caminando, caminando descalza buscando sentir.
Gritos en silencio y manos que no siento más. La lluvia moja mis pies, el celular no para de vibrar, mi abuela llora, mi hermana grita y mi padre me mira con desprecio. Tendida sobre mi cama el teléfono no vibra más.