11 de julio de 2016

Me gusta mi vagina

Me encanta mi vagina.
Amo mi vagina.
La amo cuando tiene sed tanto como cuando es fuente.
La amo molesta e irritada. Angustiada, ansiosa y adolorida.
La amo cuando se llena a orgullo y penetra, cuando decide ser penetrada.
La amo sobre todo cuando se deja conquistar por la Luna, cuando devuelve su coqueteo pintando rosas rojas a su paso.
La amo cuando sus risas perfuman los jardines.
Lloro de amor cuando se marchitan sus flores, cuando se pierde el rojo, cuando se acaban los pigmentos.
La amo sobere todo cuando mojan de vida las sábanas.
La amo cuando baila con el mar, cuando se llena de esa espuma infinita.
Más que nada la amo cuando late al ritmo de mi corazón y al ritmo del temblor de mis piernas.
Me gusta mi vagina.
Me gusta verla reflejanda en los espejos, amo ver como sonríe coqueta y colorada.
La quiero y la acaricio, la acaricio y ella tiembla agradecida.
Me gusta cuando se deja acariciar por otras manos, por otras texturas.
Me gusta verla altanera, enfadada y desgarrada de tanto amor que nos damos.
Me gusta su angustia, pero sobre todo me gusta su paz, su silencio, su alma.
Amo mi vagina.
Me encanta mi vagina.

27 de junio de 2016

Nada es mí es verdad

Me duele verme, es la verdad. No es que importe. Realmente ya no diferencio lo que es verdad y lo que me digo queriendo que lo sea. ¿es esto verdad? ¿es verdad que me he mentido tanto que ya no sé quien soy? Tal vez esto sea lo primero honesto que he dicho en mi vida, tal vez eso también sea otra de mis mentiras. Tal vez no me duele verme, tal vez me alegra saber que he logrado lo que siempre quise lograr. Tal vez me alegra saber que soy eso que quise ser. Esa perra fría que cuando se mira al espejo ve cualquier cosa menos una forma conocida.
La que debería ser mi jefa me preguntó qué porqué "siempre" me visto negro, para reconocerme le respondí y todxs se rieron, pero ¿y si es verdad? ¿Qué pasa si es verdad que  sin ese negro encima soy cualquier forma irreconocible? "No te reconocí porque no estás negro", qué rara y a la vez que común es esa frase para mis oídos.
Tengo tantas cicatrices como mentiras acerca de ellas, tantas pecas como ganas, tantos lunares como heridas y tantos pelos como ladrillos sobre los que he construido a una idiota que se pinta los labios de rojo y hace muecas en las fotos porque siempre piensa que su sonrisa es demasiado falsa, solo su sonrisa piensa la ilusa.
Esa soy yo, una obesa que dice que se ama y que no baja de peso porque le gusta verse gorda, cuando la verdad es que no lo hace porque tiene miedo, una necia que dice que la sociedad no impondrá sobre su cuerpo y lleva orgullosa un bigote cuando la verdad es que simplemente es demasiado floja para sacarlo. Tatuada, perforada, mutilada. Una miedosa que ajusta y tiembla porque se siente retada cada día. Mi único secreto es que no tengo idea de como suena mi risa porque hace demasiado que no me río de verdad sin utilizar drogas y estoy harta de escuchar que me digan que no me río lo suficiente, digo que lloro a diario y también es mentira, digo que tengo orgasmo y también son mentira.
Este cuerpo siente menos de lo que me atrevo a confesar. Tengo un hombro fuera de su sitio hace más de 4 días y la mano me tiembla tanto que me está costando lágrimas escribir esto, la verdad es que no me duele, no puedo ni agarrar el puto tenedor, pero no me duele. Y llevo 4 días sin mover un dedo en mi casa porque me muero de dolor.
Me violaron, me amaron, me pegaron, jugaron conmigo,me besaron, me insultaron, me protegieron,  me usaron, me acompañaron, me botaron como a una perra a la calle, me traicionaron,  me ignoraron, me desecharon, me llamaron y volví como esa perra, esa perra que comió, mamó, mordió, jugó, gritó, rió, lloró, traicionó y usó.
La verdad es que amo que me digan perra. La verdad es que me encanta el sexo con mujeres, con hombres, con trans, con queer, con cualquier forma viviente con quien se pueda tener una relación consensuada. La verdad es que sueño con ser poeta, la verdad es que hubo una época en al que creía que tenía talento. La verdad es que no siento placer desde hace 5 años que dejé de mutilarme y ya ni recuerdo porqué. La verdad es que odio ser mujer pero amo tener vagina. La verdad es que odio que me digan perra. La verdad es que todo lo que he escrito es mentira porque no tengo ninguna verdad que contar, porque nada en mí es verdad. 

21 de junio de 2016

Puedo sentir la Hidra

Puedo sentirlo, ¿sabes? Siento el frío que sube por entre mis piernas, siento el sudor mojando mi espalda, el temblor en mis rodillas, los vellos erizados. Cierro los ojos y casi pudo probar en mis labios la sal de tu curvas, de tus movimientos ondulantes y rebeldes, casi puedo oír el eco de tu baile descoordinado y rítmico.
Puedo y siento, siento como mis músculos se tensan, como mi cabeza duda antes de zambullirme por completo en tu olor y tu espuma, siento la necesidad de correr en dirección contraria a ti y sin sin embargo corro como un niña con lo abrazos abiertos sabiendo que terminará con la carra embarrada de arena.
Estoy temblando y siento el calor que empieza a apoderarse de mí, la cara roja, las rodillas temblando, con la boca húmeda pero muerta de sed me vuelvo a zambullir en ese meneo intermitente, entre el azul, la espuma, el marrón, la sal, el verde, entre tus curvas infinitas. Estoy templando asustada, estoy temblando entumecida por el frío, estoy temblando apasionada, estoy temblando del calor en mi entrepierna que endurece mis músculos, que tensa mi cuerpo, que eriza mi vello.
Puedo oír el canto de las sirenas, sentir sus susurros arrastrándome hasta el final, sus voces humedeciendo mi labios, puedo ver el reflejo de la luna, altanera, retadora y aún así tan tímida que no se atreve a presenciarlo,
La marea se va apoderando de mi manos, roza la punta de mis dedos y recorre el resto con la suavidad de una viola vieja, me toma por los hombros y recorre mi torso, mi estomago blando, mis senos erectos, mi cuello entregado ante el aliento cálido y embriagador de la Hidra. 

30 de mayo de 2016

Amazona

Esa sonrisa que más parece una mueca y esos rizos desordenados hacen que me hierva la sangre, que me quemen las manos que juegan inquietas y que no puedo controlar, que me latan húmedos los labios y que pierda la razón.  
Rizos alborotados tiñendo de color las sábanas de este hotel barato, gemidos cálidos que arañan mis caderas, uñas que acarician mis muslos. 
El gris de la pared arde de deseo al compás de tus caderas. Cabalga, amazona, pienso aferrándome al rojo de tus nalgas y sonrió sintiendo esa nariz a juego que trata de alcanzar al oxígeno que se escapa de la habitación.  
Mis manos se hunedecen con el más dulce de los sabores y mi garganta se seca y se desgarra al ritmo de tu baile.
La noche es espesa, y entre en negro y la neblina; el rojo, el calor y el sabor se hacen más intensos, me embriago con facilidad bebiendo de tus muslos, saboreando los lunares de tu espalda y el perfume de tu nuca. 

24 de mayo de 2016

Devuélveme el fuego

Cuanta razón tenías al reírte de esa niña, Silencio. Si pudiera dejar de llorar, también me reiría. Soltaría las carcajadas más fuertes jamás escuchadas, me reiría de sus manos tibias y sus teoremas matemáticos, de sus pruebas científicas y de las verdades gritadas al viento. Si pudiera, si pudiera yo también reiría.
Los gritos revotan entre las paredes manchadas con las huellas de sus manos, murmuran entre los silencios y tú, Silencio, los acompañas con una carcajada fría que sabe a princesas.
El primer amor nunca es el verdadero, es solo un cuento que esta vieja vestida de negro repetirá cuando nadie esté para oírla. Una vieja que extrañará el fuego regaló entre besos dados en sueños y entre los cuales se cuela la eternidad. Sonará en su cabeza las frases dichas mientras se congela, mientras pierde el fuego :"... Quiero regalarte el fuego, quiero regalarte la eternidad, mis días [los buenos y los malos], quiero regalarte , quiero regalarte la certeza de saber que estoy destinada a amarte y que pelearé para que sea para siempre, que pelearé para cumplir mi destino, mi destino que es amarte, mi destino es tener el final feliz que prometen los cuentos de hadas, quiero regalarte el fuego, quiero regalarte la eternidad..."
Silencio, ríe, ríe. El mismo frío que ha congelado mis lágrimas me impide reír y si hago silencio casi podre escuchar a la vieja repetirse una y otra vez como es que perdió el fuego, como es que regaló la eternidad.