9 de febrero de 2016

Mangas negras

Una tarde más de esas. Un sábado más sin nada en especial.
Un sábado gris de mayo que me llena de agua los pulmones, cuando como un niño emocionado trato de absorber el recuerdo de un mayo con luz.
Cada sábado el mismo nerviosismo. La misma chompa negra como si no fueran a reconocerme sin ella. Nada cambia y sin embargo nada es igual. Las mimas mangas largas, los mismo rulos despeinados escondiendo bucles. Espero de pie junto a una silla al medio de salón. Nerviosa jugando con una botella de coca cola.
Nerviosa espero una tarde de esas.
Llegan. Toman sus asientos. Silencio. Nadie habla. Las miradas se cruzan pero nunca se fijan.
Una vez más me toca empezar. Aún no he dicho mi nombre y ella empieza a llorar, quiero abrazarla. Quiero decirle que mi corazón se rompe con cada lágrima, que mis antebrazos sangran con cada sollozo.
Nos saludamos. Nos damos las manos. Jugamos. Reímos [Todas menos ella].
Historias vienen y van desgarrando nuestros oídos. Algunas lágrimas, algunas risas, algunos sollozos [los suyos].
Nos ponemos de pie. Nos despedimos. Nos damos las manos. Jugamos. Reímos [Todas menos ella]. Dejan sus historias.  Ella cuelga su historia en sus hombros y lento con el peso de la casa destruida se pone en marcha y limpia una de sus lágrimas. Toma un poco de agua, un kleenex. Levanta la mirada y una lágrima rueda por su mejilla de nuevo.
Las paredes pastel son oscuras como el cielo de Lima. Oscuras como las huellas en sus muslos y muñecas.
Me acerco, ella retrocede.
La recogen como cada sábado. El auto se estaciona y ella tiembla. Inconscientemente acaricia sus muslos. Suena la bocina. Las lágrimas ahora son chorros.
Cruza el umbral de la puerta.
Abro la puerta del auto. Digo hola. sin levantar la mirada y escondo los antebrazos bajo las mangas negras. Tomo asiento. El auto avanza en silencio. Frena. Tomo un trago de coca cola. Una lágrima cae por mi mejilla. Acelera. Frena frente a la casa destruida.
Nada cambia. No es más que un sábado más sin nada en especial.

3 de agosto de 2012

Cristal

Cristal.
Soy un cristal. Tal vez siempre he sido un cristal. Dura, fría, pero tan frágil que el viento puede romperme en mil pedazos. En sus brazos me sentí entera, tal vez como nunca antes me había sentido, tal vez como no recuerdo haberme sentido antes. Reflejada en el verde de sus ojos verde me sentí entera, con sus besos pegó cada pedazo, sus abrazos fueron el pegamento que me unió y sus palabras fueron el viento que me partió en mil pedazos otra vez.
Cristal.
Soy un cristal. Tal vez siempre he sido un cristal. Hoy sigo en el suelo, rota, más rota que nunca, el Sol me atraviesa y mi cuerpo en mil pedazos ensucia el parqué.

20 de julio de 2012

Sueños


Yo no sé soñar. Los sueños no más que oportunidades para sufrir, para hacerte ilusiones, para decepcionarte. Para mí es una oportunidad para derramar las últimas tres lágrimas que me quedan. Pero anoche soñé, contigo. Me mirabas, tus ojos grandes se fijaban solamente en mí, nada existía porque tus labios en mí se posaban, porque tu aliento se entrecortaba con solo poner mis manos sobre las tuyas, porque te sentí respirar como nunca antes lo había hecho. Anoche soñé con tu aliento tibio sobre mi cuello, con el rose de tus lengua húmeda en mi boca entreabierta. Mis rodillas temblaban, mis piernas se doblaban y tu segura me tomabas de la cadera para llevarme donde nunca antes había estado. Cierras los ojos y me conduces dentro de ti, dentro de nosotras. 
Las agujas del reloj juegan con nosotras, el tiempo corre, descansa, retrocede, se detiene, hace pausa, nos lastima, juega otra vez, otra vez corre y mi corazón acelerado corre con él. Un grito ahogado en entre las pecas de tu espalda deja escapar al reloj.
Es la hora. Despierto y tú no estás. 

22 de agosto de 2011

Ausencia *

Rota. 
Me zambullí en el olor de tus curvas claras, he pedido el rumbo de regreso de tus caderas a mi habitación,  me he quedado pedida, sola, rota y loca. Sin retorno, sin bosque, sin lobo feroz. Ya no encuentro lunares que guíen en el camino a hacerte estremecer, ni huellas en los labios que me acompañen a caminar. Me enamoré de como una niña de la feria, del circo, pero la temporada acabó y los payasos y los malabaristas suben al tren a recorrer algunas ciudades más y descalza corriendo sobre las vías grito que te amo, que me quedo aquí esperando que tú hagas lo mismo. La temporada del circo acabó un poco antes este año, el frío de esta ciudad horrible y gris no fue un buen anfitrión. El circo llegó y pintó de risas y color mi rostro y mi alma. Disfrazó con nuevas ausencias los vacíos que fue encontrando en mi piel. Y tú partes, te alejas y mi corazón tirado en el piso como una bola de papel arrugado derrama un par de lágrimas mientras sonrío y te doy la espalda. No quiero retrasar tu partida como lo hice tantas noches en las que te pedía que te quedes a mi lado porque estaba asustada, hoy te vas y me quedo con la garganta desgarrada de gritar cuanta falta me hará tu ausencia cuando ya no estés. Ausencia. Ausencia. Y una vez más guardo la bola de papel en el bolsillo y derramo una lágrima y un te amo. 

7 de agosto de 2011

Siete

Tengo miedo y ya no entro tras el escritorio. Hoy siete tengo siete años de nuevo y bajo el escritorio todo parece más tranquilo, más pausado, más feliz. La música suena tratando de callar al silencio que no deja de gritar, y yo trato de ocultar mi hambre, mi necesitad. Son las 4 el silencio calla, el hambre aumenta y el desayuno-almuerzo se saca de un sobre y se sirve de pie junto al lavadero, y estoy sola. El silencio grita una vez más recordándome su presencia, se sienta al pie de mi cama y me habla, me habla y nunca calla.
Una vez más me despierto asustada pero ya no es de noche, el sol entra por la venta y quiero ir a buscarte, a besarte tanto, pero no te encuentro. Y la soledad me abraza y consuela mis lagrimas y ya no habla más, me mira, me acompaña y no habla más. Casi me contempla como quien lo hace con un cuadro que no logra entender. La soledad trata de llenar tu lugar y se siente tan vacío, ahora todo es tan frío.
El tiempo te hace olvidar, pero hoy sigo recordando tu olor cada mañana al acostarme, al poner la cabeza sobre tu almohada sigo sintiendo el calor de tus escasos cabellos oscuros y casi puedo escuchar los pasos lentos y cansados de tus tres pies. Corro como una niña a hundir mi cabeza en tus faldas y tratar de contarte mi día; sin darme cuenta tomo el teléfono
para llamarte. Espero encontrarte con algún dulce a medio comer en las tardes. Quiero meterme a tu cama cuando tengo miedo, quiero me calmes cuando lloro, quiero me digas que todo estará bien y que soy grande; quiero secar tus lágrimas y que tú seques las mías, quiero tenerte a mi lado y sentirme grande.
Tengo veintiún años, estoy sola y tengo miedo, tengo miedo porque no tengo fuerzas para inventar historias que me hagan sonreír.